Elogio a la hoja.
Hoy, 21 de mayo, los amantes de esta bebida rendimos homenaje a esta cultura porque disfrutar una buena taza de té es como ser un perro verde, una especie en extinción y poco trendy.
Mi elogio a la hoja es amor desmedido que ralla lo obscenidad, poco amiga de tendencias y sólo de lo bueno, voy en busca del origen que me llene de lo genuino de sus lugares y la maestría de sus gentes, porque una ya no quiere llenarse de maldad el cuerpo con híbridos embolsados que maldicen y mancha el arte del té.
La hoja, me vistió de valentía para presentar su desnudez en sociedad, atrevida, sin aditivos y con tazas llenas de autenticidad, la belleza está sobrevalorada es atractiva pero la sabiduría lo es aún más y como todo lo único, requiere de tiempo y atención aunque hoy apriete la velocidad.
Quizás por esto, la hoja siempre me ha parecido tremendamente sugerente, no sólo porque va en contra dirección y rompe con las tendencias de lo efímero y lo superficial sino porque te obliga a mantener presencia y una escucha atenta si quieres disfrutar de ella con plenitud.
Sin duda, no sólo me seduce la elegancia de su puesta en escena, su cromatismo o todo lo que muestra sin ser visto más allá de la evidencia.
Todo su recorrido sensorial activa y despierta cualquiera de mis sentidos y eleva el más oculto el de la intuición.
Lo sexy de la hoja, es que no grita ni chilla, es silenciosa, susurra con paciencia lo que necesitas escuchar. No es exhibicionista, gusta de la humildad, ella tiene ese EXTRA necesario para abandonar lo ordinario y la mediocridad contagiándote de su gentileza.
Esta planta está diseñada para alguna especie humana que decide crear y compartir un espacio de calidad y sabe entregarse en cuerpo y alma sin miedo a habitarse, conectando con la memoria de su naturaleza salvaje.

Caminante si te has rendido inevitablemente a todos sus encantos te damos la bienvenida a esta revolución silenciosa.
Elogio a la hoja.
Hoy, 21 de mayo, los amantes de esta bebida rendimos homenaje a esta cultura porque disfrutar una buena taza de té es como ser un perro verde, una especie en extinción y poco trendy.
Mi elogio a la hoja es amor desmedido que ralla lo obscenidad, poco amiga de tendencias y sólo de lo bueno, voy en busca del origen que me llene de lo genuino de sus lugares y la maestría de sus gentes, porque una ya no quiere llenarse de maldad el cuerpo con híbridos embolsados que maldicen y mancha el arte del té.
La hoja, me vistió de valentía para presentar su desnudez en sociedad, atrevida, sin aditivos y con tazas llenas de autenticidad, la belleza está sobrevalorada es atractiva pero la sabiduría lo es aún más y como todo lo único, requiere de tiempo y atención aunque hoy apriete la velocidad.
Quizás por esto, la hoja siempre me ha parecido tremendamente sugerente, no sólo porque va en contra dirección y rompe con las tendencias de lo efímero y lo superficial sino porque te obliga a mantener presencia y una escucha atenta si quieres disfrutar de ella con plenitud.
Sin duda, no sólo me seduce la elegancia de su puesta en escena, su cromatismo o todo lo que muestra sin ser visto más allá de la evidencia.
Todo su recorrido sensorial activa y despierta cualquiera de mis sentidos y eleva el más oculto el de la intuición.
Lo sexy de la hoja, es que no grita ni chilla, es silenciosa, susurra con paciencia lo que necesitas escuchar. No es exhibicionista, gusta de la humildad, ella tiene ese EXTRA necesario para abandonar lo ordinario y la mediocridad contagiándote de su gentileza.
Esta planta está diseñada para alguna especie humana que decide crear y compartir un espacio de calidad y sabe entregarse en cuerpo y alma sin miedo a habitarse, conectando con la memoria de su naturaleza salvaje.

Caminante si te has rendido inevitablemente a todos sus encantos te damos la bienvenida a esta revolución silenciosa.
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